Santiago Benavides (Bogotá, 1977) siempre tiene problemas para responder cuando le preguntan qué tipo de música hace. Es una mezcla de tantas cosas, y a la vez es tan sencilla, que resulta difícil de encasillar. Lo han comparado con Fito o con Piero, comparaciones que lo halagan (también ha habido comparaciones que lo dejan muy preocupado). Tampoco sabe bien cómo responder cuando le preguntan si toda su música es cristiana. Se queda sin palabras, porque la respuesta es no y sí al mismo tiempo. Si por cristiana se entiende “de temática religiosa” entonces no. Santiago canta sobre la vida, el amor, la tristeza, la tierra y todo cuanto lo conmueva. Pero al mismo tiempo sí, porque él cree que por ser cristiano su música también lo es, tanto como si, en el caso de que fuera chef, su comida sería “cristiana”. No porque tenga escrito un versículo en el arroz, sino porque ha sido hecha con amor, honestidad y deseo de hacer bien al otro, inspirada en la asombrosa vida de Jesús. Por ese mismo ejemplo, Santiago concibe el arte como un acto de servicio al pueblo, y viaja por el mundo con una tropa de musi-misioneros, cantando en cada lugar donde le den un micrófono. Está casado con la paciente doña Diana, con quien está aprendiendo a ser padre de la mano de dos maestros adolescentes. Vive en Toronto, Ontario.